Una patera sale de las costas de Trípoli con más de cien personas a bordo. Un buque de perforación turco faena frente a la isla griega de Kastelórizo, a menos de dos kilómetros de la costa de Anatolia. Un petrolero evita el mar Rojo y rodea África entera para no cruzarse con los misiles hutíes. Un pescador calabrés recoge redes cada vez más vacías en aguas que este verano llegaron a superar los treinta grados. Los cuatro hechos pueden ocurrir el mismo día, en el mismo mar. El Mediterráneo no conecta tres continentes: concentra sus fracturas.
Un mar pequeño para tantos conflictos
El Mediterráneo ocupa apenas el 1 % de la superficie oceánica del planeta. Baña las costas de veintidós países, tres continentes y varias civilizaciones que llevan tres mil años comerciando, guerreando y mezclándose en sus orillas. Ningún otro mar del mundo concentra tanta densidad de fronteras, tanta memoria imperial acumulada ni tanta desigualdad económica entre una orilla y otra.
La orilla norte, europea, tiene una renta media que multiplica por diez la de buena parte de la orilla sur. La orilla este arrastra la guerra más larga y más mediática del siglo, además de la fragmentación de Libia y de Siria. La orilla sur combina regímenes autoritarios, dependencia energética y una población joven que no encuentra futuro en casa.


