En 1542, Carlos I promulgó las Leyes Nuevas para proteger a los indígenas americanos y limitar el poder de los encomenderos. La pregunta que esa ley dejaba abierta era simple: ¿podía un imperio del siglo XVI imponer una reforma así a miles de kilómetros de distancia, a hombres armados que tenían todo que perder? La respuesta llegó rápido, y no fue la que esperaba la Corona.
El problema del poder a distancia
Gobernar un imperio en el siglo XVI era una empresa extraordinariamente difícil.
Las órdenes de Madrid tardaban meses en llegar a América. Las respuestas tardaban otros tantos meses en volver. Los funcionarios reales estaban rodeados de colonos con intereses opuestos a las reformas que debían aplicar. Y el poder militar efectivo sobre el terreno solía estar en manos de los mismos encomenderos a quienes se pretendía controlar.
Carlos I era consciente de estas dificultades cuando promulgó las Leyes Nuevas en noviembre de 1542. ver entrada anterior: Las Leyes Nuevas de 1542: cuando un Imperio intentó limitar su propio poder.
Sus consejeros le habían advertido de que la resistencia sería intensa. Pero la presión de los reformadores, con Bartolomé de las Casas a la cabeza, y sus propios intereses en limitar el poder de los encomenderos lo llevaron a promulgarlas de todos modos. Lo que no calculó bien fue la magnitud de esa resistencia.



